Roser Aguilar aborda en su segunda película las agresiones sexuales a mujeres

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Fuente: EFE

La cineasta Roser Aguilar encara las agresiones sexuales a mujeres y el choque postraumático en su segunda película, “Brava”, que estrena esta semana y que cuenta con la actriz Laia Marull como protagonista.

En una entrevista con Efe, Roser Aguilar ha dicho que el origen de la película está en dos noticias que se dieron a conocer en poco tiempo en 2008, durante la promoción de su ópera prima, “Lo mejor de mí”: “la agresión que sufrió el profesor Neira cuando fue agredido por un hombre que estaba maltratando a su pareja y el caso del marido de la alcaldesa de Esparraguera, que murió tras ser agredido por tres menores con los que había discutido en la calle”.

“Ese qué se debe hacer ante la agresividad, la violencia, fue uno de los motores del proyecto, y luego se añadió el tema de la supervivencia al dolor”, ha comentado.

El proyecto de “Brava” ha tenido que superar numerosas dificultades financieras desde que la directora escribió una primera versión del guión, con ayudas del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) aprobadas en 2012, que fueron retiradas ante la indefinición de RTVE, pero finalmente recuperadas una vez que se involucró una productora catalana, y dio un vuelco al proyecto, reconoce la cineasta.

“Brava” se centra en el vacío personal de Janine, una mujer que sufre una agresión brutal que la obliga a buscar recursos para recuperar cierto equilibrio interior.

Trata de huir de su entorno cotidiano, pero al escapar en realidad se acercará a sus debilidades y a su zona más oscura, y es cuando deberá reaccionar si no quiere seguir huyendo de su propia vida.

“Parto de interrogantes: cómo sobrevive al dolor una persona con una vida aparentemente feliz, confortable, que sufre una agresión en el metro y eso pone su vida del revés y la lleva a plantearse qué hacer en el mundo en que vivimos con el miedo”, apunta Aguilar.

La cámara de Aguilar sigue la evolución de la protagonista, “desde que se queda bloqueada, con un shock postraumático” y, en el caso de las agresiones sexuales, precisa, “el 80 por ciento de ellas no se denuncian, porque está demostrado que a estas mujeres les cuesta mucho pedir ayuda”.

Aunque inicialmente, Janine, que trabaja en un banco y tiene perspectivas de promocionar, que tiene una pareja estable y una vida fácil y feliz, intenta resituar su vida alejándose de la gran ciudad e instalándose en el campo con su padre “en una vida más confortable”, ese refugio acaba llevándola a “una espiral de autodestrucción cuando allí conoce a un artista francés, seductor y culto”.

En esa espiral, añade la directora, “Janine se deja querer, a pesar de que él le va dando pistas de que tiene zonas oscuras en su pasado”.

Laia Marull ha confesado en declaraciones a Efe que tiene la suerte de que “la historia de la película se explica a través del personaje, que era una dificultad, pero lo tenía todo ganado”.

Marull define a Janine como “una persona aparentemente con la vida solucionada, pero ya desde el principio el espectador ve que no está en su propia piel y tras sufrir una agresión sexual y ser testimonio de otra, el mundo exterior se le hace agresivo”.

Su reacción es, según la actriz protagonista, de “mucho miedo y de un sentimiento de culpa enorme que la acompañará durante ese largo viaje, un viaje que transcurre en buena parte de manera inconsciente”.

A pesar de que la actriz realiza su interpretación tirando de intuición, reconoce: “hay una parte de las mujeres que han sufrido agresiones sexuales que ya han pasado por esa situación y por esa razón contacté con mujeres que afortunadamente existen y ayudan a otras mujeres a pasar por ese trance”.

Una conversación con una psicóloga que asesora a esas mujeres víctimas de agresiones sexuales le sirvió para tener una explicación científica de cómo funciona su cerebro: “Acaba prevaleciendo la parte más primaria del cerebro, la del reptil, que sólo sabe reaccionar en términos de supervivencia”.

Tener un personaje tan contenido, sin apenas diálogo, “no es una dificultad, sino un regalo”, considera Marull, para quien Janine “sólo se da cuenta de que lleva una vida gris cuando pasa por el drama de la agresión sexual, que no deja de ser el reflejo de la vida que llevamos, buscando unos ideales sin fijarnos en qué vida queremos llevar”.

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