Fuente: Notimex

En su lecho de muerte, el general zapatista Urbano Martínez recuerda cómo llegó a ser un hombre rico y poderoso luego de traicionar sus ideales y a Emiliano Zapata, así como los excesos que tuvieron.

Se trata de la premisa de la ficción “Zapata en Chinameca”, que esta noche tuvo una función especial en Cineteca Nacional como parte del ciclo “Charlas de cine y literatura: Centenario del asesinato de Emiliano Zapata”.

Tras la función, la poeta y ensayista Yelitza Ruiz destacó la relevancia que tiene esta película de Mario Hernández, escrita por Xavier Robles, a partir de una adaptación libre de “La Muerte de Artemio Cruz”, de Carlos Fuentes.

De acuerdo con la también abogada, en la versión oficial de los libros de historia se habla muy poco de cómo durante el movimiento zapatista éstos desarrollaban, entre otras prácticas, la de asaltar cuarteles y realizar violaciones tumultuarias, “porque podían invadir cualquier lugar, incluso el cuerpo de la mujer”.

Ante el aforo de la sala 4 de Cineteca Nacional, tanto Ruiz como el investigador José Antonio Valdés Peña coincidieron en que la película está narrada desde un sentimiento de culpa, por lo histórico y por los valores traicionados.

“La culpa es la que persigue a todos los personajes, tanto a los vencedores como a los que pierden, y de ahí es donde está fundamentada la novela de la Revolución, aunque con sus excepciones (…) y es que estos hombres aunque muy revolucionarios, rebeldes y revoltosos, había esta culpa judeocristiana de no podemos matar, robar, basadas en los mandamientos”, compartió Yelitza Ruiz

En ese sentido, la narradora dijo que los mandamientos y la culpa son el triunfo del discurso histórico que está inmerso en la novela de la Revolución con escritores como Martín Luis Guzmán y Mariano Azuela, entre otros autores que escribieron 10 o más años después.

En la película, la familia de Urbano Martínez está esperando su muerte para heredar los bienes, como si se tratara de buitres al acecho.

“Eso es la metáfora perfecta de lo que sucedió con la fundación del Partido Revolucionario Institucional (PRI), porque ellos se hacen llamar los cachorros y caudillos de la Revolución, y ahí están perfectamente representados cómo vividores de una lucha que no ganaron ellos”, anotó Ruiz.

Sobre el cineasta

Según Valdés Peña, quien funge como moderador en el ciclo dedicado a la conmemoración de los 100 años del asesinato de Zapata, Mario Hernández fue un realizador muy centrado en la cultura popular de México y en muchas de sus películas se recrearon corridos famosos, así como personajes heroicos reales o de ficción del tiempo de la Revolución.

De él son películas como “Las noches del Blanquita” y “Noche de carnaval”, con esta última Ninón Sevilla obtuvo un premio Ariel. “Le gustaba la vida nocturna y los entornos populares, el barrio bajo”, dijo.

“Una de sus venas más importantes era con un último empuje del cine ranchero y su amistad con Antonio Aguilar, una de las grandes figuras de la canción vernácula y el cine, hizo que realizarán esta película (Zapata en Chinameca)”, indicó el también crítico de cine.

“Zapata en Chinameca” es un experimento muy interesante que hizo Mario Hernández teniendo como punto de partida la memoria de un viejo revolucionario que cuenta los tiempos de la Revolución, es un personaje relacionado directamente con Emiliano Zapata, mencionó Valdés Peña.

Loading Facebook Comments ...