Fuente: EFE

El director francés Cédric Kahn impresionó hoy en la Berlinale con “La Prière”, una película que recorre casi como un documental el paso de la adicción a la droga al del rezo, en una jornada estrictamente europea, donde la italiana “Figlia Mia” y la sueca “Real State” completaron la sección a concurso.

“Es la redención de una dependencia tóxica a través de una adicción más trascendente: la de la oración, la disciplina, la humildad, el rigor religioso”, explicó el realizador sobre su filme, que gira en torno a un joven que busca escapar de la droga en una comunidad católica de los Alpes franceses.

Ahí coinciden jóvenes de distintas procedencias, estamentos sociales y religiones, inclusive los que creen no tener fe ninguna pero que acuden a ese remoto lugar perdido en las montañas como última esperanza para romper el círculo de la adicción.

Uno de esos jóvenes, Thomas -Anthony Bajon-, es la figura central de Kahn, quien recorre sus recaídas, dudas, tentaciones y rezos, bajo la tutela de riguroso sacerdote -Alex Brendemühl- y de una monja sabia -Hanna Schygulla- a la que no se engaña con mentiras piadosas.

Bajon es la auténtica revelación de la película, mientras que el hispano-alemán Brendemühl tuvo ocasión de reafirmar su versatilidad -está en la Berlinale por partida doble, ya que también interpreta un personaje secundario en la alemana “Transit”, del director alemán Christian Petzold y estrenada el sábado.

Schygulla interpreta uno de los poco personajes femeninos de la película junto con la tentadora muchacha del pueblo vecino, Sybille, Louise Grinberg. Curiosamente serán esas dos mujeres en medio del colectivo de hombres las que demostrarán a Thomas quién es en realidad.

Kahn, un realizador acostumbrado a competir en Cannes, en Venecia o en Berlín -concursó en la Berlinale 2004 con “Feux Rouges”-, plasma todo el camino de renuncias y superación personal de Thomas en ese colectivo religioso que a ratos adopta perfiles de secta.

Es un lugar orquestado para salvar al pecador, pero que tarde o temprano habrá que abandonar, con todos sus riesgos.

La segunda película a competición de la jornada fue la italiana “Figlia Mia”, de Laura Vispuri, quien en 2015 compitió en la Berlinale con “Vergine Giurata”, su primer largometraje.

Ahora regresó con un intenso drama entre dos madres, la biológica y que durante diez años crió a Vittoria, una niña que no precisará explicaciones adultas para entender de pronto que procede de la mujer que ofrece servicios sexuales en cualquier rincón o se arrastra en el bar para que le inviten a la siguiente copa.

Vispuri retrata la transformación de esos tres personajes femeninos -la abnegada madre de adopción Valeria Golino, la alcoholizada Alba Rohrwacher y la niña Sara Casu-, que intercambian sus papeles en medio de un desgarro creciente y del descubrimiento de identidades.

Es una película de corte similar a “Vergine giurata”, donde el inclemente sol sobre un paisaje agreste, en Cerdeña, tiene su propio papel de coprotagonista y donde se sitúa al espectador ante el dilema de una maternidad doble casi imposible de resolver.

Completó este domingo de competición estrictamente europea “The Real State” (“Toppen av ingenting” en sueco), dirigido por Axel Peterson y Mans Mansson, sobre una rompedora mujer de unos 70 años que quiere vender un edificio de viviendas heredado.

Es una anciana que practica el sexo como una disciplina parecida al “fitness” que le ayuda a mantenerse su esbeltez radical, a la que no le importa dejar en la calle a familias desestructuradas, inmigrantes u otros inquilinos marcados por la precariedad.

Su dúo de directores se lanza a reflejar la fealdad -física o moral-, en una película sin concesiones al espectador que desató algunos abucheos en su pase previo para la prensa, pero también fervientes defensores.

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