“Archivo 253” tuvo una de las locaciones más espeluznantes de la ciudad

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Fuente: Notimex

Sombras en los pasillos, muebles que se caen, objetos que se arrastran, puertas que se azotan y ruidos extraños son algunas de las situaciones que hace cinco años se padecieron durante la filmación de la película mexicana “Archivo 253”, en la hoy desaparecida Clínica San Rafael.

Fue en 2011 cuando el cineasta Abe Rosenberg y el productor Joseph Hemsani hicieron un “scouting” por la Ciudad de México con el propósito de rodar su primer largometraje titulado “Mientras el lobo no está”, situado en la década de los 50.

Sin embargo, al recorrer cada rincón de la referida clínica psiquiátrica analizaron que no se trataba de la locación correcta, pero sí la ideal para una historia de terror; de modo que “Mientras el lobo no está” terminó siendo su segunda película y la estrenaron a principios de este año.

“Desde el momento que entramos se sentía una vibra muy densa y cuando salimos, dijimos: ‘tenemos que hacer una película de terror antes de que la clínica sea demolida. Debido a que este propósito ya estaba en camino teníamos que hacer las cosas de una manera rápida y no nos daba tiempo de escribir un guión”, contó Abe Rosenberg a Notimex.

Fue entonces que decidieron apostar por una película al estilo “found footage” para narrar el caso de un grupo de jóvenes que, con cámara en mano, se internan en las instalaciones abandonadas de la clínica San Rafael para comprobar si es que las historias paranormales que se cuentan acerca de ese lugar son ciertas o no.

“La clínica tenía como dos o tres meses abandonada desde que se fue el último paciente. Sí fue complicado conseguir los permisos, pero se negoció directamente con la gente de la clínica. Nosotros logramos entrar en un huequito gracias a que estaban en el proceso de compra-venta con una constructora que pretendía hacer un centro comercial”.

Debido a que la mayoría de las escenas transcurren por la noche, fue en horarios nocturnos que filmó la producción y sin restricción para acceder a todas las áreas del hospital. Era el “crew” trabajando y un velador que cuidaba del lugar.

“Filmamos durante siete noches seguidas. En cualquier espacio donde se situara la cámara se sentía una vibra densa. Ahora lo recuerdo como una experiencia divertida, pero en el momento fue complicado porque los actores estaban espantados y nosotros igual.

“La gente del ‘crew’ no quería moverse en solitario por la clínica. Si se olvidaba un artefacto de filmación o algún objeto, nadie quería ir por él. Se trataba de trabajar, pero sin querer caminar mucho, fue bastante pesado”, relató el director.

La Clínica San Rafael fue construida entre 1945 y 1949 por órdenes de los Religiosos de San Juan de Dios a fin de atender a personas con enfermedades mentales. En 1969 se amplió para albergar hasta 200 enfermos.

Al paso del tiempo, trascendió que la organización religiosa que la administraba practicaba exorcismos, maltrataba a los enfermos y les aplicaba terapias de electrochoques. Incluso, varios de sus pacientes y familiares dieron su testimonio a través de varias entrevistas publicadas en los medios de comunicación.

“Durante el ‘scouting’ se nos cerró una puerta en los sótanos. Pensé que podía haber sido el viento de una ventana y salimos corriendo, pero la persona que nos daba el tour dijo que ahí no había ventanas.

En otra ocasión, cuando estábamos filmando en un pasillo, se escuchó cómo caminaba alguien en el piso de arriba sobre unos vitroblocks del techo, incluso vimos la sombra. Tuvimos que parar la filmación porque los actores nos decían que no les hiciéramos eso y se armaban los conflictos internos”.

Para calmar al elenco y poder continuar con el rodaje, los integrantes del staff acudían al lugar para ver si se encontraba alguien, pero nunca hallaron al responsable de esos pasos o los ruidos raros.

“Fue bastante espeluznante. No sucedió que alguien dijera ‘ya no vuelvo’, pero una vez sí detuvimos durante hora y media el proceso porque uno de los actores se alteraba mucho. Teníamos que ir a escucharlo y calmarlo. Nos decía que sí quería filmar, pero que ya no deseaba entrar a tal pasillo”, recordó Abe Rosenberg.

Cuando “Archivo 253” entró a postproducción, se dieron cuenta que filmaron una escena en la que una puerta se abre y se cierra varias veces.

“Lo vimos hasta el momento de editar, pero decidimos no usarla porque la gente iba a decir que se trataba de un efecto especial muy malo. Se veía muy tonto, pero nosotros sabíamos que no lo habíamos hecho. Ver eso fue bastante shockeante”, apuntó.

El director nunca proporcionó el guión a los actores. Les iba dando sus escenas conforme avanzara el rodaje. Había situaciones preparadas, pero otras no porque estaban abiertos a lo que pudiera pasar.

En términos comerciales, “Archivo 253” logró buena aceptación de parte de los espectadores durante su exhibición a principios de 2015 y después de un largo proceso creativo.

“La hicimos con muy poquito dinero porque en ese momento contábamos con esos recursos. Recaudó 30 millones y medio de pesos en taquilla y ahora también se puede ver en Netflix. Aunque nos fue bien, creo que habíamos llegado tarde al fenómeno del “found footage”.

“Para México era algo interesante porque no se había hecho algo antes, pero como subgénero a nivel mundial ya tenía tiempo. En mi opinión, los recursos ya están muy agotados, pues si te movías a la izquierda podías parecer copión, lo mismo que a la derecha o quedarte en medio”.

Consideró que explorar el género es difícil, aunque no duda que en el futuro lleguen otros genios del terror que lo reinventen; no obstante, para él y Joe Hemsani fue suficiente como experiencia.

“Películas como ‘El proyecto de la Bruja de Blair’ (1999) o ‘Actividad paranormal’ (2007) fueron nuestras referencias. No estábamos descubriendo el hilo negro ni se trataba de una obra avant-garde. Sabíamos perfectamente que estábamos retomando un género que ya había tenido mucha exposición en el mundo”, concluyó.

El reparto de “Archivo 253” estuvo conformado por Michel Chauvet, Anna Cetti, Mario Escalante y Juan Luis Tovar con guión de Abe Rosenberg y Joseph Hemsani, así como la producción de ambos junto con Claudio Sodi y Carlos Césarman.

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